lunes, 2 de marzo de 2026

El poder de las decisiones

 Buenas tardes.

Hoy quiero hablarles sobre algo que parece pequeño… pero que define toda nuestra vida: las decisiones.

No siempre son las grandes decisiones las que nos cambian. A veces son las pequeñas. Decidir levantarnos cuando no tenemos ganas. Decidir intentarlo una vez más. Decidir hablar cuando el miedo nos dice que nos quedemos callados.

Cada día tomamos decisiones. Algunas pasan desapercibidas. Pero cada una construye el camino que recorremos.

Hay decisiones que pesan. Decisiones que duelen. Decisiones que asustan.
Pero incluso cuando sentimos miedo, decidir avanzar ya es una victoria.

Muchas veces creemos que no somos fuertes. Que no estamos listos. Que no tenemos suficiente confianza.
Pero la confianza no llega antes de decidir… llega después.

Primero decidimos intentarlo.
Luego descubrimos de qué somos capaces.

Una sola decisión puede cambiar una historia.
La decisión de perdonar.
La decisión de empezar de nuevo.
La decisión de creer en nosotros mismos cuando nadie más lo hace.

El poder no está en las circunstancias.
El poder está en elegir cómo responder ante ellas.

Hoy quizás estás frente a una decisión.
Tal vez pequeña. Tal vez grande.
Pero recuerda esto: tu futuro no depende del miedo que sientes, sino del valor que decides tener.

Porque al final, nuestra vida no es el resultado de lo que nos pasó…
es el resultado de lo que decidimos hacer con eso.

Muchas gracias.

viernes, 21 de noviembre de 2025

Crónica del 22 de noviembre

Hoy, 22 de noviembre del 2025, me tocó prestar servicio de seguridad para Longo, la empresa que brinda apoyo a la aerolínea América. Pensé que sería un turno normal, pero terminó convirtiéndose en una experiencia que me hizo reflexionar más de lo esperado.

Me asignaron custodiar a un pasajero que debía ser trasladado nuevamente a su país de origen, Estados Unidos. Migración le negó la entrada a Colombia y, sinceramente, nunca me dijeron por qué. Solo recibí la orden de acompañarlo hasta que abordara el vuelo.

El hombre tenía un semblante cansado, como si la vida le hubiera caído encima de golpe. A mí no me quedó claro si era una persona educada o no; lo cierto es que, cuando alguien está en una situación tan complicada, lejos de casa, sin explicaciones y sin un trato digno, es normal que se salga de su casilla. Cualquiera lo haría. Él llevaba cuatro días en el aeropuerto, encerrado, esperando que lo enviaran de regreso, sin claridad ni respuestas.

Mientras caminábamos, me contó que no entendía la razón del rechazo. Decía que las condiciones en las que lo habían tenido eran inhumanas y que ya no quería quedarse ni un minuto más. Lo único que deseaba era regresar a su país para recuperar algo de tranquilidad.

A pesar de ser estadounidense, hablaba un español sorprendentemente bueno, y en su voz se notaba el cansancio emocional, la frustración y la resignación.

Mientras cumplía mi labor, no pude evitar pensar en lo frágiles que nos volvemos cuando estamos lejos de todo lo que conocemos, bajo reglas ajenas y decisiones que no dependen de nosotros. Un día entras a un país como turista y al siguiente estás esperando en un cuarto frío, sin saber qué será de ti.

Entre pensar y sentir comprendí algo:

que uno puede llevar uniforme, seguir órdenes y mantener la postura que exige el trabajo, pero detrás de todo eso sigue existiendo la persona que escucha, observa y guarda historias.

Hoy me llevo esta: la historia de un hombre que solo quería volver a un lugar donde pudiera respirar tranquilo. Y también la mía, la de alguien que descubrió que, incluso en un aeropuerto —un sitio lleno de partidas, llegadas y prisas—, también se viven silencios que pesan y quedan en la memoria.


jueves, 23 de octubre de 2025

Cuando el silencio grita por dentro

 A veces sentimos que nadie nos quiere, que nadie nos escucha, que el mundo simplemente sigue sin notar nuestra presencia. Esa sensación de rechazo se vuelve un peso que cargamos en silencio, mientras fingimos que todo está bien.

Sin embargo, muchas veces no se trata de que los demás no quieran acercarse, sino de que nosotros mismos levantamos muros. La timidez, la inseguridad y el miedo a ser juzgados nos encierran en un aislamiento que confundimos con protección. No nos damos la oportunidad de que las personas nos conozcan, ni les permitimos descubrir lo que realmente llevamos dentro.

Aparentamos ser seguros de nosotros mismos, pero por dentro una tormenta de emociones nos contradice. Pensar y sentir no siempre van en la misma dirección, y en esa lucha interior nos perdemos, queriendo ser entendidos sin atrevernos a mostrarnos.

Desde niños, los padres y quienes nos rodean deberían enseñarnos que expresar lo que sentimos no es debilidad, sino una forma de sanar. Que hablar, compartir y confiar también son maneras de conocernos y de crecer.

Porque cuando logramos abrir el corazón y dejamos que otros vean lo que realmente somos, el alma encuentra un poco de paz. A veces, solo se necesita un pequeño paso de valentía para transformar el silencio en conexión.

No siempre el mundo nos ignora; a veces somos nosotros quienes no nos dejamos ver.

lunes, 7 de julio de 2025

💔 No Era para Mí — Un poema del alma

 Te hablé desde el alma, sin máscaras ni miedo,

con palabras sinceras que nacían del pecho.
No fingí ser perfecto, ni oculté mis heridas,
tan solo mostré lo que soy… sin medida.

Te ofrecí mi tiempo, mis dudas, mis sueños,
te abrí cada parte del mundo que tengo.
Y aunque no prometí castillos de papel,
te di algo más valioso: mi fe en el bien.

Esperé tal vez, que vieras en mis ojos
el fuego tranquilo de un amor sin enojos,
pero tú tenías otros mapas, otros cielos,
otros caminos que no llevaban a mis suelos.

No era mi voz la que te hacía temblar,
ni mis silencios los que solías esperar.
No fui tu refugio, ni tu calma escondida,
y aunque dolió, lo entendí: no era tu vida.

Me viste como amigo, como un ser confiable,
pero no como el amor que vuelve inolvidable.
Y lo acepto, aunque duela, aunque quiebre el intento,
porque no se fuerza lo que no va en el viento.

Lloré en silencio, sin que tú lo supieras,
en noches donde la soledad fue compañera.
Me pregunté si fui poco, si fallé en algún paso,
pero aprendí que no todo se queda por escaso.

A veces no encajamos, no porque falte amor,
sino porque el momento no lleva el color.
Y aunque me hubiera gustado un final diferente,
tu "no" me ayudó a ser más fuerte, más consciente.

Hoy me retiro con calma, sin rencor en la voz,
con el alma herida, pero abrazando a Dios.
Porque sé que allá afuera, alguien sabrá ver
el valor que tengo… sin tener que correr.

No era para mí, y está bien que así sea,
no todo amor termina donde uno desea.
Pero sigo creyendo, con el pecho sincero,
que merezco un amor... que también sea primero.


📚 Recomendación de lectura: Yo Antes de Ti

Después de escribir este poema, pensé en una historia que toca fibras similares:
"Yo Antes de Ti", de Jojo Moyes, una novela sobre dos personas que se encuentran en medio del dolor y logran transformarse mutuamente.

Louisa, una joven sin rumbo claro, es contratada como cuidadora de Will, un hombre paralizado tras un accidente. Lo que inicia como una relación distante se convierte en un vínculo profundo que los marca para siempre.

Una historia conmovedora que habla del amor, la pérdida, y el poder de cambiar la vida de alguien... incluso si no se quedan a tu lado.

✨ Frase destacada:

"Solo se vive una vez. Es tu deber aprovechar la vida."

📖 Consíguelo en Amazon aquí:
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domingo, 6 de julio de 2025

Cuando el alma se cansa"


Hay días en que el alma se cansa,
cuando el mundo pesa más de lo que puedo cargar.
Siento que todo me da la espalda,
y yo… solo quiero desaparecer sin hacer ruido.

Miro al cielo y me pregunto:
¿será que la felicidad olvidó mi dirección?
¿Que el amor, los sueños,
la dicha…
se reparten para otros y no para mí?

Camino con el corazón en pedazos,
tratando de fingir que todo va bien,
pero por dentro grito en silencio
con una tristeza que no sé explicar.

Me siento perdido,
como si nada de lo que hago tuviera sentido,
como si el tiempo se me escapara sin dejar huellas,
como si mi historia no importara.

Pero aún respiro.
Y tal vez eso signifique que no todo está dicho.
Que esta noche, aunque oscura,
no será eterna.
Y que aunque hoy no vea el sol,
puede que mañana, al menos, no llueva.

domingo, 8 de junio de 2025

Trabajar para vivir o vivir para pagar

Durante los últimos meses me he dedicado a trabajar con mi vehículo, transportando personas a diferentes lugares como sus casas, trabajos, hospitales, gimnasios y también a quienes viajan hacia otros municipios, entre otros destinos.

Renuncié a mi trabajo como guarda de seguridad para dedicarme a esto, supuestamente con la idea de generar más ingresos y obtener una mayor rentabilidad. Pero no ha sido así. He estado más endeudado y con mayor estrés, a pesar de que ahora manejo mi tiempo. Sin embargo, se presentan muchas situaciones que afectan mis ingresos, como las lluvias o los daños en la moto.

Lo cierto es que tampoco quiero estar sometido a un régimen laboral. Cuando trabajaba en la empresa me quejaba de no tener tiempo libre, y ahora que soy conductor, estoy igual o peor, porque debo cumplir con ciertas metas para poder pagar las deudas del arriendo y del banco. Es decir, no tengo mucha libertad porque vivo trabajando para pagar deudas.

A veces me pregunto si tomé la decisión correcta. Me lancé buscando independencia, pero no anticipé todo lo que implica sostener un ingreso constante por mi cuenta. Nadie te enseña cómo lidiar con la incertidumbre diaria, los imprevistos o la presión mental de sentir que no avanzas, aunque te esfuerces. Me cuesta reconocerlo, pero he sentido frustración y hasta miedo de no poder salir de este círculo.

Aun así, no quiero rendirme. Dentro de mí hay un deseo fuerte de salir adelante, de lograr esa libertad financiera con la que tanto sueño. Sé que necesito un plan más sólido y quizás combinar un trabajo más estable con mis viajes en moto, mientras construyo poco a poco un negocio propio. No quiero seguir viviendo solo para pagar cuentas. Quiero recuperar la paz, el tiempo y la energía para compartir con mi familia y disfrutar la vida de verdad.

sábado, 31 de mayo de 2025

El pasajero y su historia:

Hoy, 31 de mayo de 2025, en horas de la tarde, me encontraba laborando en la parada de buses de La Palmiraña, en Palmira, Valle del Cauca. En ese momento llegó una buseta procedente de El Cerrito (Rosso), de la cual se bajaron varias personas. Ofrecimos nuestro servicio, y todos dijeron que no, excepto uno.

Este hombre indicó que necesitaba llegar al Comando de la Policía, ubicado en la calle 47. Como en ese momento era mi turno, le señalé dónde estaba mi vehículo. Caminamos juntos hasta allá, y durante el trayecto, él comenzó a hablarme con mucha tristeza.

Me dijo que le había dado todo a su mujer, que siempre fue un hombre trabajador y responsable, pero ella le había pagado mal. Lo había traicionado. Todo lo que ella decía que era trabajo, en realidad era una excusa para verse con otro hombre. A pesar del dolor y la rabia, él hablaba con respeto. Lo que más le dolía era que se había ido a escondidas, llevándose a sus hijos.

Los que estábamos allí guardamos silencio. Escuchábamos con atención, con el rostro serio, como lamentando lo que le pasaba. Luego, él y yo nos subimos a mi moto, y me pidió que lo llevara a "la SIPOL". Como no entendí muy bien el término, le pregunté a uno de los compañeros, quien me indicó que se refería al Comando de Inteligencia de la Policía.

Salimos entonces de La Palmirana, y durante el trayecto, el hombre siguió contándome su historia, ahora con más detalles.

—Amigo, perdone que lo moleste, pero necesito desahogarme. Me siento destrozado, no solo por la traición, sino porque ella se llevó a los niños. Yo no sé quién es esa persona con la que se fue. No sé si tenga malos hábitos o si pueda hacerles daño a mis hijos. Ni siquiera sé si a ella le paso algo y me vayan a culpar a mí. Uno nunca sabe.

Continuó diciendo que siempre había sido un buen hombre con ella, que nunca les faltó comida, que la trataba bien y la apoyaba en todo. Pero ella no valoró nada. Ya venía traicionándolo desde hacía tiempo, pero.

—Mire —me dijo—, ella me decía que trabajaba en la casa de don Pedro como cocinera. El martes, llegué temprano a la casa y no la encontré. Ya era bastante tarde, así que fui donde don Pedro, y él me dijo que hacía tiempo que ella no trabajaba allá. La confronté, y ¿sabe qué me dijo? Que dejara de ser tóxico. Le pedí que me explicara, que me dijera la verdad, y ella simplemente negó todo, diciendo que yo estaba imaginándome cosas.

—Al día siguiente fui a trabajar, y cuando regresé por la tarde, ya no estaba. Ni ella, ni los niños. Llevo varios días buscándola, solo quiero que me deje ver a los niños, de ella ya no quiero saber nada. ¿Sabe qué es lo peor? Que me metí a su Facebook, y la vi en el Lago Calima. O sea que ya tenía todo planeado. Pero de hoy en adelante, no vuelvo a confiar en ninguna mujer.

Hizo una pausa, respiró hondo y añadió:

—Amigo, disculpe que lo llene con mi historia, pero tenía que sacarlo. Esto me está marcando profundamente. Ella le va a causar un trauma a los niños. El mayor no es hijo mío biológico, pero lo crie desde que tenía un año, y ahora tiene tres. El más pequeño tiene uno. Yo los amo como si fueran mis hijos. ¿Usted tiene hijos? —me preguntó. Le respondí que no.

—No sabe lo hermoso que es llegar a casa y que lo reciban. El mayor gritaba “¡papá!” y el más pequeño levantaba los bracitos para que lo cargara. Eso era muy bonito. Si ella se iba a ir, al menos hubiera dejado al más pequeño. El hombre con el que se fue solo se va a aprovechar de ella, pero cuando le empiece a faltar el dinero y vea que tiene tres bocas que alimentar, la va a dejar.

—Para mí, esos dos niños son todo. Ellos me daban fuerza para seguir luchando. Pero vea, las mujeres no respetan a los hombres buenos. Esto me ha marcado para siempre.

Finalmente, me contó que ya había hecho la denuncia en la Fiscalía. Que un policía le indicó que fuera a la SIPOL, ya que allí podían rastrear el celular de ella. Me dijo que la ha llamado más de mil veces, que no es un hombre violento, y que solo quiere verla para pedirle que le deje ver a sus hijos. Que incluso le ha propuesto que se vean frente a un CAI, en un lugar seguro, pero que ella simplemente lo ignora.

Cuando llegamos al Comando, el hombre se bajó, se acercó a unos patrulleros y les explicó su situación. Al parecer, no era allí. Uno de los policías se acercó a mí y me indicó que la SIPOL quedaba en el Comando Sur de la Policía Nacional. Agradecimos a los agentes y seguimos el camino.

Antes de bajarse, el pasajero volvió a disculparse conmigo por haberme contado todo eso, pero también me agradeció por escucharlo. Luego, me pagó el servicio y yo regresé a mi lugar de trabajo.


El poder de las decisiones

  Buenas tardes. Hoy quiero hablarles sobre algo que parece pequeño… pero que define toda nuestra vida: las decisiones. No siempre son las g...